domingo, 31 de diciembre de 2006

Brindis

Un brindis por el año que acaba, y otro por el que comienza.
Un brindis por ti, que me visitas de vez en cuando, que me comentas (o no), que te sientes identificad@ con mis vivencias (o no), que compartes (o no) lo que pienso.

Otro brindis por haber descubierto la oportunidad que me da la red de poder contar lo que vivo, siento y pienso con total libertad. Reconozco que a veces me cohíbo un poco. No sé si es porque tengo un atisbo de timidez cada vez que me pongo a escribir unas letras, o porque no sé si sabré reflejar lo que siento tan bien como leo en tu rincón, y en algún otro... De cualquier forma, creo que es cuestión de tiempo, y de posts, que me sienta cada vez más como en casa, y me desnude del todo.


Un brindis por ese mensaje que recibo y me hace sonreir, o me deja sin palabras por lo inesperado, por lo intenso o por lo simpático. Nunca me dejas indiferente.

Otro brindis por las charlas que mantenemos. Curioso. A veces hablamos de temas serios, parece que arreglaremos el mundo. Otras veces nos soltamos la melena, nos dejamos llevar y jugamos, nos excitamos, reímos, imaginamos... Curioso.

Hay más brindis: otro por esta noche, que es la antesala de un nuevo año, y que, aunque es una barrera ficticia, y no tiene ningún significado sino el que le queramos dar, a veces necesitamos hacer una línea para traspasarla y poder continuar. La nochevieja es una excusa, igual de válida que cualquier otra para darnos fuerza, al menos a mí.
Esta noche no será como yo hubiese imaginado hace unos meses. No empezaré el año disfrutando del sexo, de un buen polvo con alguien a quién deseo, eso lo tengo claro... quizá el año que viene. Sin embargo lo pasaré con amigos, los que siempre han estado ahí, aunque no se les viera. Empezaré el año con uvas, con cava, con abrazos, con risas, con confetti, con música, con juegos, con más risas... con energía. Empezaré el año con recuerdos, poniéndoles una sonrisa a todos esos recuerdos, fuesen buenos o malos; una sonrisa porque ya pasaron. Lo empezaré viéndote por un agujerito, a ti, que me lees. Te veré empezando el año a tu manera, con tu sonrisa, con tus sueños y tus ilusiones. Otro brindis será por ti.

Mi deseo para ti, ya lo sabes, es que lo peor que te pase en 2007 sea como lo mejor que te pasó en 2006.

Sé feliz, te lo mereces.

sábado, 30 de diciembre de 2006

Recuerdos… ilusiones

Ahora tengo una sensación extraña. La visita a mi familia, a mis amigos ha sido una gran idea. Me he sentido realmente bien, aunque el tiempo era escaso y pasó demasiado rápido. Es curioso ver como, a pesar de haber pasado tanto tiempo, es como si no nos hubiésemos separado nunca: nuestras charlas, nuestras risas, nuestras copas… Fue genial, y de veras les echo mucho de menos a cada uno de ellos. Son grandes amigos, siempre han estado ahí cuando he necesitado apoyo, un consejo, una sonrisa, un abrazo, una juerga… de la misma manera que he estado yo, y eso es irremplazable.

Me gustaría pensar que aquí, en mi nueva vida, encontraré amigos así. Es difícil, lo sé, pero, ¿imposible? Me niego a pensarlo siquiera. Quiero pensar que no hay nada imposible: ni que yo sea realmente feliz, ni que encuentre esa amistad duradera, ni siquiera que algún día encuentre el amor. “De ilusiones también se vive” que diría alguien… pues sí, de ilusiones, hay que vivir de algo aunque sólo sea de ilusiones.

Y comenzamos un nuevo año. Es una excusa perfecta para cambiarse las gafas de ver la vida. Ponerse unas de colores vivos, con cristales claros, que nos hagan mirar a nuestro alrededor y comprobar que todo está por ocurrir, que la felicidad está ahí, en algún sitio, y algún día daremos con ella.

También es el momento de echar un vistazo, sólo de reojo, al año que acaba. Da un poco de vértigo. Me han pasado muchas cosas en este año y algunas de ellas no me las hubiera ni imaginado en los meses de febrero o marzo, sin embargo han pasado, y he sobrevivido. Ahora, mirando atrás, pienso que si pasó sería por algo, así que no vale la pena pensarlo más.

Me cambio las gafas. Decidido. Mañana empieza la cuenta atrás hacia un nuevo año y lo voy a afrontar con ganas. Te parecerá una tontería, pero voy a traspasar esa puerta, de las 0.00h del día 31 de diciembre como si entrara en un lugar nuevo, con miles de cosas por descubrir. Voy a ilusionarme de nuevo… ¡que ya toca!

sábado, 23 de diciembre de 2006

Bon Nadal - Feliz Navidad !!!


Feliz Navidad a tod@s. Yo me voy a coger un avión... como el turrón, vuelvo a casa por Navidad!!


Os deseo muchas alegrías en estos días, y nos vemos a la vuelta.


Sed felices!

sábado, 16 de diciembre de 2006

De la amistad a ... (y II)

… nos fuimos a mi casa, estaba más cerca, y no podíamos esperar más. Pasamos por una farmacia, a comprar condones, claro. No teníamos aquello premeditado, y no íbamos preparados. Mientras íbamos en el coche sentí un pellizco en el estómago. ¿Qué estaba haciendo? ¿Qué significaba aquello? Le miré de reojo. Sus ojos… su sonrisa… Me miró también, sonreí… me dejé llevar.

Abrí la puerta de casa, y antes de que pudiera cerrarla y decir una sola palabra, me abrazó y me besó con tanta pasión que me temblaron las piernas, creí que me desplomaría allí mismo. Noté su sexo, que pugnaba por salir del pantalón. Me apreté contra él porque me encantó. Puse mis manos en su trasero y empujé… me derretía de deseo. Aquello ya era irremediable, era como si nunca hubiésemos hecho el amor. Nos invadía una oleada de deseo irrefrenable.

Sus manos desabrochaban los botones de mi camisa, mis pechos eran su próximo objetivo. Con una mano, increíblemente rápido, desabrochó mi sujetador y mis pezones saltaron, libres, deseosos de caricias. Me encantaba que los acariciara, lamiera, mordisqueara… me estaba volviendo loca y notaba como mi sexo se humedecía por momentos.

Casi a la vez, dimos un paso más. Mutuamente nos desabrochábamos el pantalón, mirándonos a los ojos, devorándonos con la mirada y respirando agitadamente. Él fue más rápido, hundió sus dedos en mi sexo, empapándolos, yo casi grité de deseo. Cogí su polla con mi mano, y supe que la quería ya, en aquel momento. Saqué un condón, y se lo puse, suavemente, sin dejar de besarle. Entonces allí mismo, en el recibidor de mi casa, con mis piernas rodeando su cintura y mi espalda contra la pared me hizo suya. Me abracé fuertemente a su cuello, y nos fundimos en un furor desatado. ¡Cómo se movía! ¡Cómo empujaba y cómo le sentía dentro de mí! Evidentemente no duramos mucho, estábamos demasiado ansiosos, pero fue fantástico.

A los diez minutos, ya estábamos otra vez, pero en esta ocasión en la cama, donde nos disfrutamos mucho más, deteniéndonos en cada rincón, conociéndonos mucho más íntimamente.

Después de ese encuentro hubo muchos más. Sentíamos algo especial el uno por el otro, aunque no era verdadero amor, y ambos lo sabíamos. Tampoco era sólo sexo, había algo más, quizás era que teníamos muchas cosas en común, que éramos muy parecidos, y evidentemente que nos encantaba follar y nos entendíamos muy bien, dentro y fuera de la cama.

Es curioso, debería ser así el amor de tu vida. Amistad, cariño, sexo, complicidad: era perfecto, pero nosotros, empeñados como estábamos en que solamente éramos amigos, dejamos las cosas ahí. Ahora vivimos lejos, alguna vez nos llamamos, pero cada vez menos, porque sabemos que no nos beneficia. Quizás era nuestro tren, y le dejamos pasar de largo. Nunca lo sabré, pero siempre le guardaré un cariño especial. La próxima vez que pase un tren así, igual no le dejo escapar.

sábado, 9 de diciembre de 2006

De la amistad a... (I)

Era mi amigo desde la Universidad. De hecho íbamos en grupo, siempre nos recogía en su coche, cuatro chicos y yo. Siempre tuve tendencia a ir con los chicos, por una cosa o por otra, y la verdad es que me lo pasaba genial.
Desde que le conocí, tenía novia, una chica muy maja, por cierto, que también se convirtió en amiga mía; hacían muy buena pareja. Yo también salía con un chico, aquellos primeros amores… De pronto, por esas cosas que pasan, acabó su historia, y a los tres meses la mía. Nos convertimos en dos incomprendidos, cuestionados, mirados de reojo por nuestro entorno, y eso fue lo que nos unió. Teníamos largas charlas, delante de una cerveza, era como si sólo fuésemos capaces de desnudar nuestras almas el uno con el otro. Nos convertimos en almas gemelas, inseparables, grandes amigos.

Por lo que sea, y sin saber cómo, un día pasó… Estábamos en un pub, su preferido, donde nos reuníamos por la tarde-noche a charlar. Nos solíamos poner en la barra, pero ese día había mucha gente y decidimos sentarnos en una mesita. Eran de aquellas rodeadas de sillas tipo banco, acolchadas, así que nos sentamos uno al lado del otro, para no tener que gritar al hablar.

En plena conversación, yo estaba explicándole no se qué, hablando acaloradamente, agitando mis manos. De pronto me di cuenta de que no me escuchaba. Sus grandes ojos, entre verdes y marrones, perfilados de largas pestañas negras, estaban clavados en los míos, y se dibujaba media sonrisa en su boca. Cuando me percaté de que estaba hablando para la pared, me callé de golpe. Le pregunté:

- ¿Me estás escuchando?
- No, te estoy mirando
– me contestó con una sonrisa descarada.
- Pero, ¿cómo tienes tanto morro? ¿Y qué miras, si puedo saberlo? – quería permanecer seria, pero no podía, con él no podía.
- Miro tu boca. Me gustaría besarla. ¿Puedo?
- ¿¿Qué??

No me lo esperaba, la verdad. Me cogió de sorpresa, así que sólo pude reírme. No sabía si hablaba en serio o se estaba quedando conmigo, pero lo averigüé de inmediato. Se fue acercando poco a poco a mí, agarró mi mano, como para evitar que se lo impidiera, y sus labios se posaron en los míos, suavemente, rozándolos. Otra vez, y otra. Cerré los ojos y me dejé llevar… me gustaba… empecé a notar un pellizco en el estómago, un amago de deseo, que me gustaba. Le devolví los besos, abrí mis labios poco a poco y noté los suyos, su lengua, rozando la mía.

Fue uno de los mejores besos que he recibido jamás. Por lo inesperado, por lo dulce, por lo apasionado, por lo que significaba… yo no quería que acabara, y desde luego él tampoco. Se acercó un poco más, con la otra mano rodeó mi cuello y me apretó contra él. Ardía de deseo, lo notaba, y yo también.
Sin abrir los ojos, puse mis piernas sobre las suyas, para estar más cerca. Queríamos ser uno, fundirnos el uno con el otro. Nuestras bocas ya lo hacían. Las lenguas entrelazadas, explorándose, lamiéndose, acariciándose…
Fue entonces cuando su mano, osada, soltó la mía, y fue deslizándose bajo mi blusa, despacito, temblorosa, se posó en mi pecho. Mi pezón parecía de piedra, y el contacto de sus dedos por encima del encaje del sujetador me hizo estremecer, un pequeño gemido escapó de mi garganta. Quería que siguiera, así que le dejé hacer.
Mientras seguía explorando mi boca, lamiendo y mordisqueando mis labios, y ofreciéndome los suyos a cambio, su mano se hizo con mi pecho, ya por debajo del sujetador, era suyo y él, para asegurarse, lo apretaba, lo acariciaba…
El deseo era cada vez más fuerte, más incontrolado. Yo notaba la humedad delatora del deseo y la pasión. Apretaba mis muslos, para consolarme, o intentarlo al menos.
Entonces, como si lo hubiésemos acordado, abrimos los ojos, nos separamos un poco, y nos miramos con una expresión mezcla de extrañeza, deseo, pasión, confusión.
- ¿Qué estamos haciendo? – susurré.
- No lo sé – balbuceó él – pero me gusta.
Y entonces, como si supiera que uno de mis puntos erógenos, que me hacen derretir, es el cuello, llevó su boca hasta allí y lo besó, lo lamió, lo mordisqueó hasta que yo no pude aguantar más, y arrebaté esos labios de mi cuello, quería comérmelos de nuevo.
Estábamos locos, pero nos gustaba, y queríamos más. No podíamos seguir allí, miré de reojo a mi alrededor, y a pesar de que todos parecían estar a lo suyo, supe que en el fondo no era así. Nos conocían, nos habían visto por allí muchas veces, sabían que sólo éramos amigos… y nada más… ¿o no?

Mientras yo pensaba en eso, su boca se acercó a mi oído y susurró:
- ¿Nos vamos?
- Vale.

Y nos fuimos a buscar más intimidad. Teníamos que saber cómo acabaría aquello, teníamos que dejarnos llevar por la pasión, a solas. Y lo hicimos…

viernes, 8 de diciembre de 2006

Pasar página

Ayer di un gran paso. Sí. Quizás a ti no te lo parezca, dirás que es una tontería, pero para mí es un gran avance: He borrado todos sus mensajes de mi móvil. Cómo lo lees. Y te explico por qué es importante: Yo le doy mucha relevancia a las pequeñas cosas, los pequeños detalles, esos que cuando los recuerdas te late más rápido el corazón, o se te encoge el estómago, o se te escapa una lagrimita. Por eso tenía todos los mensajes almacenados, o si no todos, al menos los que me permitía la memoria del móvil.

Había mensajes bonitos, de nuestros mejores momentos; también había mensajes de los peores momentos, aquellos que se escribieron cuando habíamos discutido; los había de reconciliación, cuando volvíamos a empezar viéndolo todo posible.

Los he borrado porque me hacían daño. Me dolía verlos, me dolía releerlos, incluso a veces no era dolor lo que sentía, sino impotencia, me hacían sentir tonta por haber dedicado tanto amor a quien no se lo merecía.
Te parecerá una tontería, pero conforme los iba borrando, una sensación de liberación invadía mi cuerpo. No había sido capaz de hacerlo antes, así que me sentí muy fuerte, capaz de cualquier cosa.

La desaparición de esos mensajes me hará desvincularme un poco más de esos recuerdos, y abrir la puerta, o al menos una rendija de la ventana para una nueva vida.
Ya digo, que habrá quien no me entienda, pero a lo mejor alguien que ha pasado por esto alguna vez, y se ha sentido así por un momento, sabe de lo que hablo. Es como pasar página.

jueves, 7 de diciembre de 2006

¿Te espero?

¿Te espero, amor?
Pensé en ti nada más despertar, me estremecí, y con una sonrisa, me dormí de nuevo. Volví a pensar en ti mientras miraba la lluvia, a través del cristal, sabía que tú también la mirabas. Sobre todo pensé en ti mientras me duchaba. El agua caliente se deslizaba por mi cuerpo y eras tú, que me acariciabas, que rozabas cada rincón haciéndome temblar. Me gustaba sentir ese pequeño placer.

Ahora, relajada, también pienso en ti. Quien quiera que seas, dónde quiera que estés, sé que estás ahí, cerca, muy cerca, y que vendrás. Por eso ya lo he decidido: te espero…

miércoles, 6 de diciembre de 2006

Invierno...

Invierno… y no estás
Te busco a mi lado,
sólo eres pasado.
Te huelo, te oigo,
no sé si te odio
Invierno… y no estás.

Mi cama… y no estás
Mis ojos se apagan,
mi mente divaga,
era contigo el futuro,
y hoy todo es oscuro.
Mi cama… y no estás.

La vida… y no estás
Tú ríes, lloras, hablas, juegas,
sueñas, vas, vuelves, vives…
Yo pienso, yo sólo recuerdo,
me atenaza el miedo.
La vida… y no estás.