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miércoles, 25 de julio de 2007

It's my life



Hoy me he levantado, cautelosa, sabiendo que era un día importante, pero desconociendo si lo que me deparaba sería bueno o no. Me he regalado una refrescante ducha, un apetecible café y una tostada, y he salido de casa con mi mp3 en ristre.



Dos horas después, una enorme sonrisa se dibujaba en mi cara y una lagrimilla asomaba temerosa, fruto de la alegría.


Lista para continuar, con paso firme, me disponía a compartir la noticia con mi gente, como prometí, pero necesitaba un paréntesis. Ansiaba unos minutos, varios, bastantes, para estar conmigo misma, relajada, tranquila. Así pues, he ido caminando, como quien no quiere la cosa, hacia un rincón especial, que no sé por qué me hace sentir bien (o tal vez sí lo sé).

Bon Jovi - It's my life



Una vez en la Plaça del Pi, justo frente a la famosa Condonería, me he sentado junto a mi sonrisa, y he saboreado una cerveza fresquita, con la compañía de una de esas fantásticas voces, acompañadas de una guitarra, que deleitan a todo el que por allí anda.


Ese sitio, a pesar de estar bastante transitado, sobre todo en estas fechas, normalmente me invita a desconectar. Hoy, sin embargo, y a pesar de llevar mi ejemplar recién comprado de "El Jueves" y tener entretenimiento asegurado, no he podido aislarme...


A los diez minutos de estar allí, han venido un grupo de ancianos, tal vez doce. Parecían pertenecer a una residencia de ancianos; algunos iban en silla de ruedas, otros caminaban, no sin dificultad. Iban acompañados por dos chicos y dos chicas. Se han sentado ocupando dos o tres mesas y han estado tomando cafés, limonadas, zumos... charlando algunos, escuchando otros.


Lo que ha atraído irremediablemente mi atención ha sido la ternura con la que los chicos trataban al grupo de mayores. Bromeaban con ellos, les ponían o quitaban la gorra, les hablaban con cariño y les hacían sonreír, cosa que seguro que todos ellos necesitaban. No he podido evitar oir lo que hablaban: les decían que por la tarde tendrían baile y que vendría un señor a cantar. Cuando el sol no calentara tanto irían a la terraza, al aire libre y allí pasarían la tarde. Era para ver cómo los ojos de los ancianos, impregnados de esa tristeza que parecía acompañarlos desde hacía tiempo, cambiaban y brillaban cuando supongo se dejaban llevar por la charla.


No sé, imagino que me ha cogido en un momento sensiblón y por eso me ha llamado tanto la atención. Mi enhorabuena y admiración a esos chicos que con tanta ternura acompañaban a los abuelos por las calles de Barcelona. Ya que no me he atrevido a decírselo allí, en el momento, sentía la necesidad de expresarlo, aunque nunca lean esto.


Y por hoy nada más, y como se dice en el vídeo:


Es mi vida
Y es ahora o nunca
...
Simplemente quiero vivir mientras viva
¡Porque es mi vida!


¡Salud!

lunes, 23 de julio de 2007

Lo que tú quieras oir

Andaba buscando un vídeo en Youtube y me he encontrado con este, que no tenía nada que ver pero que me ha llamado la atención y no me he podido resistir a colgarlo aquí para que lo veas si te apetece.
Es posible que ya lo hayas visto, pues parece ser que hace tiempo que circula.
No digo nada más, o no tendrá gracia. A ver qué te parece...

viernes, 29 de junio de 2007

Tengo una sorpresa para ti (II)

(...Continúa)


... y la vio allí, bañada por la luz de la lamparita, atenuada con un pañuelo de color violeta. Estaba completamente desnuda, tendida en la cama, con una copa de vino en la mano. Le esperaba con una sonrisa traviesa y aquel brillo en los ojos que a él tanto le gustaba.


Se quedó ahí un instante, observándola, saboreó el vino una vez más y sólo entonces se acercó al borde de la cama. Ella se incorporó y dejando la copa en la mesilla de noche, y de rodillas en la cama fue acercándose lentamente a sus labios, sin dejar de mirarle a los ojos. Él estaba muy excitado, y no quería prolongar más aquella distancia, así que la besó. Al sabor afrutado del vino se unió el sabor del deseo prolongado y entonces supo que había empezado una gran noche.


Ahora era él quien dejaba la copa de vino. Fue entonces cuando reparó en los pañuelos. Seguiría con el juego, aquel juego que tanto les gustaba a ambos. Le pidió que se diese la vuelta, cogió sus manos por detrás de la espalda y le susurró al oído: "Voy a servirme mi sorpresa... lo sabes, ¿verdad?" La invitó a tumbarse y le ató ambas muñecas a la cabecera de la cama. El objetivo no era el dolor, así que lo hizo suavemente, con un sencillo nudo. Ahora tenía ante sí una situación que disfrutaba enormemente. Ella estaba sólo tumbada, mirándole, y él conseguiría que enloqueciera de placer.


Era una tarea minuciosa, con la que él disfrutaba lo indecible. Le gustaba empezar por sus labios, besándolos apasionadamente; sus párpados, besándolos suavemente. Le susurraba al oído todo lo que sentía, pensaba y deseaba en aquel momento y ella empezaba a excitarse visiblemente. El recorrido continuaba, el cuello era la siguiente parada, luego sus pechos, tan apetitosos que no dejaría nunca de lamerlos y acariciarlos.

En aquel momento, casi se podían oir los latidos de ambos por encima de la música. Era el momento de seguir descendiendo por ese cuerpo del pecado. Le abrió las piernas utilizando su rodilla y se regodeó en los alrededores de su sexo. Cuánto más tardaba en llegar a él, más se intensificaba el deseo y el orgasmo posterior, así que intentó mantener la espera durante unos minutos más. No podía evitar mirarlo y el verlo ante él, completamente depilado, suave, húmedo... le impidió esperar más. Lo acarició, besó, lamió y mordió acompañado por los jadeos y movimientos de ella. Sus dedos exploraron, pellizcaron, entraron, salieron y cumplieron perfectamente con su objetivo. Ella se deshacía en una cadena de orgasmos interminables. Cuando creía que ya no podía soportar más placer, aún recibía más y más. No podía hacer más que dejarse llevar y disfrutarlo hasta que él decidiese que era suficiente. Era parte del juego.


Aquel juego le provocó una gran erección y lo que más deseaba era correrse. Decidió que era el momento de desatarla. Lo hizo y ella, inmediatamente se puso a cuatro patas, ofreciéndole lo que necesitaba. Se aferró a sus caderas y la penetró con todas las ganas que había acumulado esa noche. Entró y salió como quiso y cuantas veces quiso. Se movieron al unísono sintiéndose la piel, aunando la respiración, gozando y jadeando como una sola persona... y se derrumbaron juntos, plenos, exhaustos, felices, rendidos...


El juego había acabado, pero sólo de momento... ambos sabían que tenían toda la noche por delante y conocían más variantes para llevar a cabo con idéntico resultado. Pero eso ya es otra historia...

sábado, 23 de junio de 2007

Tengo una sorpresa para ti (I)


La puerta estaba abierta. Avanzó sigilosamente, mirando hacia el interior. No se veía a nadie. Sólo se oía una agradable música. Cerró la puerta despacio y vio una copa de vino en el recibidor. La cogió, acercándosela a la nariz y su aroma le hizo sonreir instantáneamente. Era su vino preferido, y ella lo sabía. Acercó sus labios al borde y se deleitó con aquel sabor ligeramente afrutado que tanto le agradaba.

Con la copa en la mano, siguió avanzando hacia el salón. Allí la música se oía mejor, ahora ya sabía que provenía del dormitorio. Volvió a saborear el vino, pausadamente, mirando hacia el hilo de luz que salía del dormitorio. Recordó el mensaje que ella le había dejado en el contestador y que oyó al salir de la reunión: "Tengo una sorpresa para ti. Ven a casa cuando acabes." Lo había oído varias veces por el camino. Le gustaba cuando esa voz acariciaba su oído, incluso a través del teléfono. Había pensado en ella durante todo el trayecto desde el trabajo a su casa, en la sorpresa que le esperaba, y los treinta minutos se le habían hecho eternos.

Se quitó la chaqueta y la dejó en el sofá. Allí encontró dos pañuelos de seda rojos. Había también una nota: "Cógelos". Con la punta de los dedos, tomó los pañuelos y se los acercó para oler su perfume. Le volvía loco ese olor. Volvió a aspirar, esta vez profundamente, con los ojos cerrados y le pareció tenerla allí entre sus brazos. Mientras aflojaba su corbata, se asomó al pasillo. A través de la puerta entreabierta vio sus zapatos y su ropa en el suelo... era parte del juego.

Otro trago de vino recorrió su garganta. Intentaba calmar su excitación que iba aumentando por momentos. A medida que iba avanzando hacia la puerta, con la copa en una mano y los pañuelos en la otra, su corazón se iba acelerando cada vez más. A cada segundo que pasaba, sentía crecer el deseo.

Llegó a la puerta del dormitorio. Del pomo colgaba el sostén de ella, de encaje negro. Empujó suavemente la puerta...

(Continuará...)

sábado, 9 de junio de 2007

Primer día de playa



Hoy ha sido mi primer día de playa en este verano. He recordado por qué me gusta tanto vivir en una ciudad con mar. Se estaba de lujo: hacía un airecito muy agradable y además, como aún no estamos en julio, no se masifican las playas. Con mi mp3 escuchando a Fito, Iván Ferreiro, U2, Moby, Smashing Pumpkins... y mi libro he pasado la mañana tan ricamente.


El agua estaba bastante fría, congelada diría yo, pero ¿quién podía resistirse a nadar un rato estando allí? Más adelante no será tan fácil encontrar la playa tan vacía, eso seguro.


Estando allí, ha habido un momento que he descansado del libro y me ha dado por observar a mi alrededor, por curiosidad, y he podido ver varias cosas curiosas. Había un chico, de unos treinta y pico, que iba con su mochila de arriba a abajo, como buscando a alguien. Es curioso, porque se habrá recorrido la playa de punta a punta unas cuatro veces (que yo le haya visto) y cada vez tenía la cara más desencajada el pobre, mirando a todas partes con semblante preocupado. Espero que al final haya encontrado a quién buscaba. O eso, o se ha deshidratado la criatura.


Luego estaban los que vendían cinturones, gafas, pelis piratas, música, relojes, bebidas... que no paraban oye. Y lo cierto es que no sé hasta qué punto les sale rentable, porque ¿alguien se compra un cinturón en la playa? Los de las bebidas sí que harán caja, porque algo fresquito siempre apetece. Unas chicas que había a mi lado querían una Coca-cola y les cobraban 2 euros. Han empezado a regatear y al final se la han quedado por 1,50. Yo no creo que hubiera regateado, me da palo verles ahí con la nevera a cuestas todo el día.


También he visto varias sombrillas volar, cosa que no entiendo porque no hacía tanto viento. La gente debe dejarlas reposar en la arena en lugar de clavarlas bien. Mi integridad ha peligrado cuando me ha pasado rozando una color amarillo fosforito con un hombre detrás... me he librado por los pelos.


Y ahora una duchita fresca y a otra cosa...

Mañana puede que sea mi segundo día de playa.

lunes, 14 de mayo de 2007

Descubriendo a un poeta (II)

(...Continúa)


¿No has leído la primera parte?

Estaba siendo una noche rara donde las haya, llena de vaivenes y acontecimientos inesperados. Ahí se encontraba ELLA: sentada en el sofá de su casa, delante de su poeta preferido, con el ceño fruncido y esperando una explicación de lo sucedido. Ahí se encontraba O., sentado en el sofá de ELLA, buscando las palabras que explicaran su comportamiento de esa noche, intentando hilvanar una explicación y una disculpa y reprimiendo el deseo de abalanzarse sobre ELLA y besarla apasionadamente.

Sus intentos de dar una explicación convincente fueron en vano. Lo único que podía decir era que se sentía irremediablemente atraído por ELLA, que no la podía apartar de sus pensamientos, y que no quería permanecer un segundo más sin cruzar esa línea casi invisible que les separaba. La escenita de esa noche no era más que la exteriorización de esa rabia por la distancia que inconscientemente ellos habían marcado. Tenían una relación profesional, pero además eran amigos, cómplices… no podían seguir acortando distancias. No sería bueno para ninguno de los dos.

La mente de ELLA era un hervidero de actividad: por una parte intentaba entender las palabras de O., a pesar de ser un discurso sin sentido, pero por otra parte procuraba en vano controlar los latidos de su corazón y el rubor de sus mejillas, que eran reflejo de la excitación que sentía.

De pronto O. decidió hacer lo que quería y no lo que debía, así que dejó de buscar explicaciones donde no las había y fue sincero con ELLA. Estaba sintiendo algo muy especial, algo que hacía mucho tiempo que no sentía y que hasta ese momento pensaba que no volvería a experimentar. Mientras hablaba, ya no pensaba, sólo dejaba fluir las palabras sin traba alguna, ante unos sorprendidos ojos que le miraban fijamente.

ELLA no daba crédito a lo que estaba oyendo. A pesar de tener acceso a sus poemas y a sus geniales ideas, sus verdaderos sentimientos habían sido siempre un misterio para ella. Nunca le había hablado de su vida amorosa, de sus ligues ni de nada tan personal. Ahora estaba allí, diciéndole que sentía algo especial por ELLA, algo que no sabía definir. Mientras le escuchaba atentamente, sin atreverse a interrumpirle, una mano se aferró a la suya. Fue como una descarga eléctrica que hizo que ELLA se estremeciera y que el color de sus mejillas alcanzara un nivel sólo comparable al rojo de su blusa.

O. estaba lanzado, ya lo había hecho, se lo había soltado todo, pero su cuerpo le pedía más. El contacto de su mano con la de ELLA despertó sus instintos más primarios. Se acercó más a ELLA sin dejar de mirarla, muy cerca, a sólo unos centímetros de su cara. Sólo dejó de hablar cuando sus labios se posaron quedamente en los de ELLA. Ese beso, que los dos disfrutaron con los ojos cerrados, y que fue haciéndose más y más apasionado por segundos, era el indicativo de que algo más que una chispa había estado surgiendo entre ellos.

ELLA pensó que el corazón se le saldría del pecho mientras se dejaba besar. Supo entonces que lo estaba deseando, a pesar de haberse negado a verle como algo diferente a un amigo o compañero, en aquel momento estaba loca de deseo. Notaba cómo su sexo se humedecía y sus pezones se endurecían con el más leve roce y se entregó a disfrutar de lo que estaba pasando.

O. tenía una contundente erección, y en ese momento lo que más deseaba era hacerle el amor. Por enésima vez esa noche miró los pechos de ELLA, que se adivinaban bajo la blusa, y no pudo resistirse a acariciarlos. Desabotonó la blusa y en un instante fue amo y señor de todo lo que había debajo de ella. La rodeó con su brazo y con un hábil gesto abrió el broche del sujetador.

ELLA se estremeció cuando él acarició y besó sus pechos, le gustaba y por eso le dejó hacer, arqueando hacia atrás la espalda y dejando caer la blusa. Puso una mano sobre el pelo de él, acompañando a su cabeza en su particular danza entre aquellos pechos. Realmente le gustaba.

Aprovechando que ELLA se había movido hacia atrás, O. ganó terreno, cubriéndola con su cuerpo. El deseo se había apoderado de él. El momento que tanto había deseado estaba justo delante y quería disfrutarlo al máximo.

Pieza a pieza, iba desapareciendo todo resquicio de prenda de vestir que separase sus cuerpos. Sólo estaban ellos dos, y sólo se oía el sonido de sus respiraciones entrecortadas, de sus besos y de sus cuerpos al frotarse.

ELLA supo que estaba en lo cierto cuando creía que detrás de esa fachada de grosero sin sentimientos, había algo más. Descubrió que tenía muy bien escondida la absoluta ternura que era capaz de ofrecer. Él la trató como a una princesa, se ocupó de que no olvidase jamás esa noche, era su único objetivo, por encima de su propio placer. El empeño tuvo su recompensa en forma de violentos orgasmos de ELLA, que se deshizo entre sus brazos una y otra vez.

El clímax fue absolutamente bestial. Estaban tan sincronizados que habían dejado de ser dos. Se movían, respiraban y gozaban al unísono, y al unísono tuvieron el mayor orgasmo que recordaban, un orgasmo brutal que les dejó desmadejados y sin aliento, abrazados aún.

Estuvieron así unos minutos. Luego él se incorporó levemente, lo justo para dejar su boca a la altura del oído de ELLA y recitarle el poema más romántico, intenso y sincero que hubiera escrito jamás. En ese instante ELLA supo que había hecho algo más que descubrir a un poeta: le había desnudado, el cuerpo y el alma.



domingo, 13 de mayo de 2007

Descubriendo a un poeta (I)

O. era el típico chico malo, el borde, el maleducado... era la imagen que proyectaba y, realmente él no hacía nada por evitarlo, más bien todo lo contrario. Todo el que le conocía, opinaba así, incluso ELLA. En su primer encuentro ya saltaron chispas, no importa por qué, pudo ser por cualquier cosa: unas palabras bordes de él, la típica bromita, mirada asesina de ELLA, que no estaba en el mejor momento para recibir bromitas, porte digno, y ya estaba: le cayó mal.

Pasaban los días y ELLA se sentía cada vez más intrigada por la personalidad de O. Se fijaba en algunas conversaciones que entablaba, cuando no intentaba ir de graciosillo, y enseguida vio que a pesar de las apariencias no era ningún cretino; es más, le pareció ver a un tío muy inteligente, despierto, y quizá algo más, que no supo qué era.

O., por su parte, se las ingeniaba para verla siempre que podía. Buscaba cualquier excusa para hablar con ELLA, soltaba frases ocurrentes siempre que ELLA podía oírle, y al mirar de reojo veía cómo detrás de su porte digno, había un sutil brillo en sus ojos y un amago de sonrisa mal disimulada.

Normalmente no entraba a conversar con las chicas de aquel lugar. Sabía que no era bienvenido en sus conversaciones, ellas le consideraban un grosero sin sentimientos y a él le daba exactamente igual, las ignoraba. Sin embargo, con ELLA era diferente; había algo que le decía que ELLA no era como las demás.

Como no podía ser de otra manera, coincidieron en una reunión informal, delante de un par de copas. Fue la primera vez que tuvieron una charla propiamente dicha y, casi sin darse cuenta, se fueron quitando las máscaras: O. la de chico malo y ELLA la de chica digna y distante. Para los dos fue un gran descubrimiento, empezaban a rascar en la superficie del otro y les gustaba lo que iban descubriendo.

Tras esa charla, hubo muchas más, con todos los temas imaginables: hablaron de política, de cine, de economía, de música, de trabajo, de la vida, de matemáticas, de poesía... llegaron a tenerse mutua admiración y una complicidad que nadie entendía.

ELLA descubrió una faceta de O. que no conocía nadie: detrás de la imagen de insensible y grosero había un poeta, un genio, un artista, excéntrico y extraño, eso sí, pero especial sin duda. Se convirtió en la única persona que leía sus poemas. Absolutamente nadie hubiera podido imaginar que O. escribía tan endiabladamente bien. Era capaz de plasmar en pocas palabras el sentimiento más intenso, la emoción más visceral, la realidad más cruda, la fantasía más apasionada.

O. descubrió a una chica con la que podía ser él mismo. No tenía necesidad de ponerse su disfraz, de comportarse como ellas esperaban que lo hiciera. Con ELLA se sentía bien, le gustaba escucharla, y aprendía con cada cosa que ella le explicaba. Las ideas se le agolpaban de pronto y tenía la necesidad de expresarlas, de plasmarlas en un papel. Inmediatamente después de haberlo hecho, corría a mostrárselo a ELLA. La observaba fijamente mientras ELLA lo leía. Gozaba lo indecible viendo sus ojos brillar y las comisuras de sus labios subir, bajar o contraerse, casi imperceptiblemente a medida que sus ojos se deslizaban sobre el papel.

Una noche toda aquella armonía empezó a resquebrajarse. Compartían risas y charlas con amigos. Todo parecía indicar que lo estaban pasando bien: amigos, música, copas, risas... de pronto O. empezó a hacer de las suyas, ignorándola cuando ELLA se dirigía a él, profiriendo comentarios hirientes a la mínima ocasión... ELLA no daba crédito a lo que sucedía, pero no tenía ganas de discutir en aquel momento, así que decidió irse. Se despidió de todos con la excusa de un dolor de cabeza y echó a caminar hacia su casa. Había un cuarto de hora caminando, y eran las 3 de la mañana, pero no quiso coger un taxi, le vendría bien pensar.

Durante todo el trayecto iba reconstruyendo cada frase, mirada o movimiento de la noche pero no llegaba a ver en qué momento ELLA podía haber hecho o dicho algo que motivara el comportamiento de O. Al llegar a su calle, estaba ensimismada en sus pensamientos cuando oyó que la llamaban: "Ssshhht, sssshhht!". Apretó el paso, pensando que se trataba de alguno que había bebido más de la cuenta y buscaba entretenimiento. Volvió a oírle, pero no se giró. Mientras sacaba las llaves apresuradamente y ponía un pie en el portal, oyó algo que la dejó paralizada: el tipo la llamaba por su nombre. Prestó atención y entonces distinguió su voz, era O. Le había dado un susto de muerte, así que se volvió, para echarle bronca. Él estaba sentado en un escalón, con aspecto abatido. La miraba como un niño travieso que esperaba una reprimenda por su comportamiento. Las palabras que iban a brotar de la boca de ELLA se suavizaron y acabó sonriéndole, completamente desarmada.

O. le pidió "asilo político". Había bebido demasiado, y no estaba en condiciones de conducir hasta casa.

(Continuará...)